Acoso sexual en Lanzarote: una realidad que golpea con más fuerza a las personas trans
Lanzarote, agosto de 2025.
Las cifras son demoledoras y los testimonios estremecen. El acoso y la violencia sexual en Lanzarote no son episodios aislados: son una constante que crece cada día y que impacta de manera especialmente cruel sobre las personas trans, convertidas en objetivo de una violencia estructural que las deja sin escapatoria.
El crecimiento de las violencias sexuales en Canarias y Lanzarote
Los datos oficiales son claros y alarmantes. En Canarias, los delitos contra la libertad sexual alcanzaron 1.272 casos en 2024, con 242 agresiones sexuales con penetración, cifras que suponen un aumento del 19,6 % en la provincia de Las Palmas respecto al año anterior. Lanzarote no ha quedado al margen: los delitos contra la libertad e indemnidad sexual crecieron un 350 % en solo nueve meses de 2024, pasando de 2 a 9 denuncias registradas. A ello se suman al menos 12 alertas de violencia con agresión sexual registradas por el 112 en la isla solo en el primer cuatrimestre del año. (Datos del Ministerio del Interior)
Detrás de estos números hay vidas. Hay personas que cargan con cicatrices físicas y psicológicas profundas. Y hay una realidad incómoda: la mayoría de los casos de acoso sexual hacia personas trans ni siquiera llegan a denunciarse. El miedo, la desconfianza institucional y la vergüenza forzada por una sociedad que todavía juzga más a la víctima que al agresor, mantienen a muchas en silencio.
Testimonios que retratan el miedo
Cada día en Lánzate llegan relatos que se repiten con un patrón que hiela la sangre: miradas invasivas en la calle, comentarios degradantes, tocamientos sin consentimiento en espacios de ocio, persecuciones, chantajes sexuales, agresiones físicas. No hablamos de excepciones, sino de una cadena de hechos cotidianos.
Personas trans que acuden al colectivo narran, con lágrimas y rabia contenida, cómo su vida se reduce a esquivar la violencia: “No puedo salir sola de noche”, “Evito usar el transporte público”, “He dejado de trabajar porque mi jefe me acosaba y nadie me defendió”, "Sé que le gusto, y por eso me acosa cuando digo que no y no y no". No son frases inventadas: son verdades que suenan a diario en las oficinas de atención de la asociación. Y cada frase es un grito de auxilio.
Lánzate: el refugio en medio del abandono
Frente a esta realidad, Lánzate ha tenido que convertirse en una línea de defensa que ayuda cada vez más a las instituciones públicas. El aumento de casos obliga a movilizar todos los recursos disponibles: trabajo social, psicología, derivaciones médicas y asesoría legal.
La asociación mantiene canales directos y constantes con el 112, la Policía Local y Nacional, la Guardia Civil, el Servicio Canario de Salud y las áreas de Bienestar Social de Ayuntamientos y Cabildo. Esa red permite actuar rápido y de manera coordinada cuando la urgencia no da espera.
Además, se ofrece un espacio seguro y confidencial, donde las víctimas pueden hablar sin miedo. Un espacio en el que las personas trans, a menudo invisibilizadas incluso dentro de las propias políticas de igualdad, encuentran por fin la escucha y el acompañamiento que se les niega en otros ámbitos.
Una comunidad considerada vulnerable, pero desprotegida: es doblemente vulnerable.
La comunidad LGTBI+ es considerada un colectivo vulnerable en los estudios y marcos legales. Sin embargo, en la práctica, la vulnerabilidad se convierte en desprotección. Especialmente para las personas trans, que no encuentran representación ni mecanismos reales de defensa frente a la violencia sexual que sufren.
El resultado es un círculo vicioso: la víctima calla, el agresor actúa con impunidad y la sociedad normaliza. El precio de ese silencio son consecuencias devastadoras: ansiedad, depresión, aislamiento social, abandono laboral, consumo de fármacos, autolesiones e incluso intentos de suicidio.
Desde Lánzate, la alerta es clara: no podemos seguir escondiendo la magnitud de esta violencia. Lanzarote, y por extensión,Canarias no son islas ajenas al problema; lo padecen cada día en sus calles, sus centros de ocio, sus trabajos, sus instituciones. Y la primera obligación de cualquier sociedad democrática es proteger a quienes más lo necesitan.
El Tercer Sector, con asociaciones como Lánzate, está cubriendo un vacío que las administraciones derivan en nuestro trabajo social. Pero no podemos hacerlo solos. Se necesitan más recursos, más formación para los cuerpos de seguridad, más sensibilidad en los juzgados, más campañas de concienciación y más espacios donde las personas trans puedan vivir sin miedo.
La violencia sexual no es un problema privado, ni mucho menos individual. Es una herida colectiva que nos define como sociedad. Y ahora mismo, esa herida está abierta de par en par en Lanzarote.
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